Si bien es cierto que en estos momentos de pandemia a nivel mundial, hay que proteger a las personas del posible contagio y poner a salvo su salud como bien y derecho fundamental, siendo esto un deber de los diversos responsables gubernativos, lo cual recoge nuestra Constitución, también es cierto que por éstas medidas de proteccionismo, estamos dejando descuidados otros derechos fundamentales.

En este caso hablaré de la igualdad, pero en su sentido más extenso y más allá de la no discriminación por razones de sexo, orientación política o religiosa, étnica,…, sino de la igualdad de oportunidades y el derecho a una educación de calidad, también derecho inalienable y deber de las autoridades pertinentes de hacer que sea posible.

El derecho a una educación libre y de calidad, la educación además ha de ser accesible, asequible, aceptable y adaptable, esto viene recogido en tratados internacionales a los que estamos adscritos, tal como el de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (artículo 26) o la Convención sobre los Derechos del Niño (artículo28), también hay que tener en cuenta a los niños con necesidades educativas especiales, como se recogió en la Convención sobre los Derechos de Personas con Discapacidad en su artículo 24.

Esta labor se ha venido haciendo en España, consiguiendo que actualmente sea casi imposible encontrar en las nuevas generaciones personas que carezcan de alfabetización, pero el gran problema con el que nos encontramos ahora mismo radica precisamente en que este sistema de educación estaba pensado para llevarse a cabo de forma presencial, salvo pequeñas excepciones como máster o pequeños cursos online o semipresenciales, y algunas carreras universitarias que podían cursarse a distancia, pero la base educacional, es decir los años en que el menor tiene que estar escolarizado de forma obligatoria, no estaban preparados para de golpe pasar a las nuevas tecnologías.

Y con la llegada del coronavirus y la imposición del Gobierno del cierre de las aulas, hasta que se controle la pandemia, hemos visto a nuestros menores abocados a los métodos más tecnológicos para formarse, y el problema aquí radica en que ya no hay la igualdad de las aulas, puesto que en primer lugar debemos contar con internet en casa, algo que parece “lo normal”, pero que no todos los hogares disponen de ello, también la necesariedad del uso de tablets u ordenadores, lo cual tampoco todas las familias tienen la capacidad de un instrumento de estas características por hijo o directamente, no tienen dichos elementos en sus casas. Así pues se genera un problema, una desigualdad fáctica, por la carencia de medios para el aprendizaje de los hijos que conviven en el hogar.

Además de esta desigualdad, los medios telemáticos tienen ciertas limitaciones que podemos observar de forma clara, hay progenitores cuyo nivel educacional es más alto y por ello podrán efectuar ese “apoyo” de clases extraescolares o complementarias que había antes de la pandemia, pero hay padres cuyo nivel educacional tiene ciertas limitaciones, lo cual supone un claro agravio comparativo entre los niños que antes iban juntos al aula, pues cuando vuelvan habrá unos que hayan podido desarrollar mejor sus capacidades porque el entorno se lo ha facilitado, mientras que otros verán mermada su opción, su derecho a una educación de calidad porque su entorno, sólo le ponía “palos en las ruedas”.

Para concluir, dejaré una pregunta abierta, ¿y ahora qué, quién igualará los niveles cuando se puedan reincorporar a las aulas, cómo se compensará el tiempo perdido, estamos preparados para “aprobados generales” o repetimos?

Sandra Hernanz Terrero


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